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viernes, 3 de febrero de 2017

Renovar la MUD por @leomoralesP


Por Leonardo Morales


En varias ocasiones he insistido en el valor que tiene la unidad democrática como factor aglutinante de la sociedad venezolana y, además, como centro alrededor del cual deberían girar todas las políticas que conduzcan a la superación de las dificultades que estremecen y angustian a la sociedad, así como a la instauración de un gobierno amplio y de unidad nacional.

La superación de la crisis sembrada por Chávez y cultivada por sus discípulos solo será posible con la participación de todos los sectores del país; la errática actuación del liderazgo político asociado en la MUD, extremadamente desatinados, es la más fiel evidencia de esta urgente necesidad. Es un esfuerzo que necesita de todos, desde los que entienden la política desde una perspectiva racional hasta aquellos militantes opositores fervorosos del radicalismo, independientemente de su semejanza, en sus acciones y convicciones, a los más encumbrados jefes del gobierno.

La MUD que logró un éxito electoral en el 2015 no pudo diseñar una política exitosa para el año siguiente, mas bien la condujo por caminos errados y convencieron al pueblo opositor de las virtudes de la renuncia, la enmienda y el revocatorio. Embarcaron a la gente por un caudaloso río de enérgicos rápidos hacia un lamentable naufragio.

Insistir en la ampliación del grupo decisor de políticas e iniciativas nunca será innecesario. La MUD debe cambiar hacia la configuración de un equipo de conducción mucho más amplio. Las presunciones acerca de las fortalezas o importancia electoral de algunos partidos no tienen un sola evidencia empírica o datan del siglo pasado. Establecer la relevancia partidista a partir del número de diputados significa desconocer el extra que le imprimió la MUD como fuerza unitaria.


La MUD no pudo definir una ruta certera. Muchas razones pueden argüirse para explicar porqué el grupo de los 4 fracasó: desde la competencia por Miraflores pasando por la propia disfuncionalidad de los partidos que los hacen prisioneros y hasta objetos de regateo y chantaje de algún particular dirigente. Referencias sobre ellas hay muchas, a veces vergonzosas, pero al final hay que insistir, reclamar y obligar a los partidos a actuar con transparencia y responsabilidad.

Que la MUD deba cambiar es indiscutible, pero cambiar no significa, al menos exclusivamente, nombrar un nuevo secretario ejecutivo; reducir el fracaso a la actuación de Chuo Torrealba es una canallada intolerable que busca ocultar la responsabilidad de otros, que prometieron lo que no debían y ofrecieron lo que no disponían ni estaban en capacidad garantizar. Cambiar implica ampliar los niveles de decisión de la MUD, erradicar la política de los hechos cumplidos, realizar algunas consultas a otros sectores del país. El G4 no tiene las auctoritas para arrogarse el derecho a decidir y mucho menos autoperdonarse del descalabro político del 2016. Nadie pide la cabeza de algún desacertado dirigente del G4, solo se exige que las decisiones futuras estén revestidas de mayor legitimidad.

En términos beisbolístico habría que decir que la MUD es un equipo donde muchos dan un hit pero también se ponchan y con relativa frecuencia. No hay uno que la saque del parque. Todos están al mismo nivel, nadie está por encima de otro, de modo que cada uno de los partidos y sus dirigentes son necesarios para el cambio político.

03-02-17