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martes, 6 de junio de 2017

La resistencia venezolana por @garciasim


Por Simón García


La mayoría de los analistas pronosticaron la declinación inevitable de las protestas. No acertaron. Ocurrió una proeza. Después de una represión salvaje, las movilizaciones no sólo se mantienen, sino que se ha producido un visible aumento del rechazo al gobierno de la población que no marcha.

La resistencia es un sentimiento colectivo. Los habitantes de los edificios y gente que no está en el asfalto caliente han pasado a ser un activo de ella. Las familias de quienes van a las calles, son una línea logística informal que la sostiene y amplia. Ante los ataques represivos, muchos comercios y residencias ayudan a los que buscan protegerse de una violencia que recuerda el desempeño de una fuerza de ocupación.

Ante el mundo Maduro es el agresor. Pretende ahogar a sangre y fuego la exigencia de aplicar la constitución. Los acontecimientos indican que pretender no es poder. El agresor interpone obstáculos a la protesta que propagan la indignación ante una represión desproporcionada. La Guardia, los colectivos paramilitares y la policía no bastan para contener el gran rechazo pacífico.

Se ha producido una ruptura emocional con Maduro y su cúpula. El doloroso costo en vidas es irreparable y los nombres de las víctimas comienzan a elaborar una épica. Los avances y logros, simbólicos y reales, de la resistencia son notables.

Pero el gobierno está escalando una repolarización violenta y autoritaria que está desatando demonios que pueden terminar devorándolo. Una polarización existencial entre democracia y dictadura, distinta a la que convencionalmente se expresa en términos electorales. No se mide cuantitativamente en votos, sino por el enfrentamiento con recursos desiguales de poder entre un polo comandado por una minoría que usa al Estado para perpetuarse en el gobierno ilegalmente y someter a control totalitario al otro polo donde está la mayoría de la sociedad. El propósito de Maduro no es ganar sino exterminar.


En esa nueva polarización el gobierno está dominado, en sinapsis con interrupciones, por el cerebro izquierdo y en el cuerpo de la sociedad el hemisferio derecho está tomando la delantera. Las emociones, la pasión por la democracia y la verdadera justicia social, son el combustible de la resistencia. Pero no deben alejarnos de la estrategia para seguir debilitando a Maduro y a su cúpula, uno de sus focos es el encuentro con los sectores oficialistas que se oponen a constitucionalizar una dictadura y asesinar el pacto de la nación en torno a la Constitución de 1999. Otro es evitar que Maduro y Padrino logren forzar al Ejército a implicarse en una operación que bordea el genocidio.

Para triunfar es decisivo que quienes ocupan cargos en el gobierno, en el PSUV y otras instituciones perciban que su costo de salida es incomparablemente más bajo que la de las siete bestias del apocalipsis. Sus aportes, el diálogo y el entendimiento con ellos, son uno de los cimientos de un gobierno plural y de reinserción de Venezuela en la democracia y el Estado de Derecho.

Un acuerdo es posible entre todos los que rechazan, con ópticas diferentes, el golpe de estado. Acuerdo urgente porque Maduro no hace política, hace tragedias. Hora de ponerle fin a su guerra contra Venezuela.

06-06-17