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lunes, 9 de enero de 2017

Maduro refuerza el arsenal militar a pesar de la crisis, por @Maoliscastro



MAOLIS CASTRO 08 de enero de 2017

Nicolás Maduro quiere demostrar al enemigo que está preparado ante un hipotético ataque. El presidente venezolano ordenó esta semana un nuevo despliegue de tropas armadas para el 14 de enero. “Hoy, Venezuela tiene un poder militar, un poder militar desplegado en la calle por la paz, la independencia y la soberanía”, dijo el mandatario. Para mantener ese poder, el chavismo no ha dejado de aumentar su arsenal durante los últimos 16 años, en medio sin embargo de una fuerte crisis económica. Las últimas compras de armamento apuntan a Rusia y China.

El arsenal de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB) de Venezuela ha crecido durante la Revolución. El país ocupa el quinto lugar en América Latina en gasto militar. Está, además, entre las 36 naciones del mundo que más invierten en esta partida. Durante el chavismo, entre 1999 y 2015, hubo una inversión de más de 5.620 millones de dólares (unos 5.536 millones de euros) en armamento, según cifras del Instituto Internacional de Estocolmo para la Investigación de la Paz (Sipri, por sus siglas en inglés).

La compra de artillería no cesa pese a la en este país con una profunda crisis económica. En diciembre, Maduro aprobó dinero para la adquisición de material militar vendido por Rusia y China. “He autorizado los recursos suficientes para dotar de la más moderna tecnología mundial y armas a todos los combatientes de la fuerza de acción especial, a todos los grupos especiales y a todas las tropas de acción rápida de la FANB”, dijo en un discurso televisado.

Días antes, el presidente de Venezuela había enfrentado una ola de protestas generada por la salida de circulación del billete de más alto valor, el de 100 bolívares. En el Estado de Bolívar, al sur del país, fue decretado un toque de queda para zanjar el desenfreno de la protesta. Las hordas. La militarización y la flexibilización de la medida monetaria apaciguaron los ánimos.

Los temas armamentísticos son manejados con discrecionalidad por el Gobierno. Para Lexys Rendón, coordinadora de la asociación Laboratorio de Paz, este año se puede alcanzar la cúspide de la opacidad en la Administración sobre las partidas de la defensa. “El presupuesto de la nación ni siquiera fue discutido por la Asamblea Nacional, sino que se aprobó directamente por el Tribunal Supremo. Esto se debió a una confrontación entre los poderes públicos [el Parlamento, controlado por la oposición, y el Supremo, dirigido por el chavismo]. Cada vez las cuentas del Ejecutivo son más turbias”, explica.

Muchas organizaciones civiles han exigido una disminución del presupuesto dinero depositado en la de defensa de Venezuela, el país con la mayor contracción económica de América. Las inversiones solo se han reducido por la caída de los precios del petróleo. El Gobierno recortó en un 90% las compras militares del periodo 2015-2016 respecto a los dos años anteriores, según revela un informe de la asociación civil Control Ciudadano, pero esta medida apenas supuso. Esta, apenas, es una tempestad en la carrera armamentística del chavismo. Ya el año pasado hubo un aumento del 5% en la compra de equipos y sistemas de armas para la FANB.

Pero las armas no solo están en manos del Ejército. Aunque los artefactos explosivos, los fusiles y las municiones bélicas son administrados exclusivamente por la Compañía Anónima Venezolana de Industrias Militares (Cavim), una empresa del Estado venezolano que surte a la Fuerza Armada y a la Milicia Bolivariana, el dominio de algunas de estas letales armas ha pasado de forma irregular a manos ajenas en Venezuela.

Granadas en las calles

Una granada mató a Gian Franco Cesa, un arquitecto de 25 años, cuando fue detonada accidentalmente por uno de sus dos secuestradores dentro de un coche en Caracas. La explosión ocurrió el 8 de agosto, unos días antes de que despegara el avión en el que la víctima quería viajar a Estados Unidos para escapar de la crisis. El estallido también fulminó a los delincuentes.

Los ataques con granadas ocurren en cárceles, en comisarías y en las calles de Venezuela. Durante dos años, entre 2013 y 2015, Venezuela fue el país de Latinoamérica con el número más alto de civiles muertos por la explosión de granadas en Sudamérica, según la Oficina de las Naciones Unidas para el Desarme en América Latina y el Caribe (UNLIREC. El sangriento registro continuó el año pasado. En un reportaje del diario digital Runrunes contabilizó 49 muertes y 155 heridos durante 32 atentados con granadas de enero a agosto de 2016.