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sábado, 11 de febrero de 2017

Conversaciones conspirativas por @garciasim


Por Simón García


Una estrategia para tramitar los problemas del país debe  englobar y trascender, la fundamental, pero insuficiente lucha de poder entre el gobierno y la oposición. Señal de esta necesidad es la conformación de un tercer polo, relativamente mayoritario, que percibe como inútil la polarización fundada en falsos dilemas.

Existen muchas individualidades dispuestas a aportar enfoques serios, innovadores y realistas sobre las crisis concurrentes que pudieran conectar a las dos orillas y alentar ensayos prácticos de convivencia. Ya hay, en varias ciudades, grupos actuando en esa dirección y cuya reflexión añade temáticas y nuevas perspectivas a la agenda pública..

Para que esas visiones no convencionales irrumpan, es necesario que su incipiente vocería brote desde distintas instancias de la sociedad civil y puedan reconocerse como valores agregados a las tendencias hacia una transición. Por lo pronto, están encontrando su identidad en una conversación libre de prejuicios.

Esa conversación, respetuosa de la dignidad del otro, es un semillero de ideas convergentes. Hablar es también hacer, es ocuparse activamente de algo que puede conducirnos a prácticas extraordinarias. ¿Hay tema de conversación más estimulante que pensar en qué podemos hacer personalmente para impedir que las diversas crisis sigan masacrándonos?

Ante las evidencias de que los factores que más contribuyen a incrementar la crisis no tienen propósito de rectificación y que quienes aspiran a una renovación democrática y al rediseño de una economía exitosa carecen de medios para llevarlos a cabo, hay que buscar políticas alternativas, efectivas para lograr cambios a través de acciones diferentes al choque frontal.


¿Quiénes asumirán la reinvención del discurso sobre el país? La pregunta muestra la clase de desafíos culturales con los que hay que bregar para hacer más fecundo, sostenible y justo el nuevo ciclo histórico cuya apertura, en algún momento, comenzará a hacerse  visible para todos.

Un signo de su advenimiento será la declinación, en la conciencia social, de la cultura populista petrolera. Otro, el desarrollo de inteligencia estratégica en y entre las élites políticas, económicas, científicas, culturales y mediáticas.

Pero antes, el dibujo de una esperanza creíble de país debe ir hasta donde los partidos no llegan y sembrarse en los pequeños lugares de la cotidianidad para crear la masa crítica de una insurgencia de ideas desde cadenas de conversaciones a la vista de todos. Es decir, un alzamiento cultural, un desafío a la inercia y a los esquemas anacrónicos, una conspiración cívica y pacífica por la democracia.

A medida que se reduzcan los derechos de los partidos y las libertades de los ciudadanos, habrá que atreverse a conversar para puntear ese dibujo.

11-02-17