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domingo, 12 de febrero de 2017

Escasez y sobrevivencia, por @rafluciani



RAFAEL LUCIANI 11 de febrero de 2017
@rafluciani

En contextos como los nuestros, es imperativo, incluso por sanidad mental, reconstruir la «mística del vivir  juntos» (Evangelii Gaudium, 87). De otro modo, el peso diario de la realidad nos seguirá consumiendo lentamente hasta no reconocernos más como individuos capaces de una vida digna.

Es cierto que el agobio cotidiano asfixia la esperanza en el porvenir. Sin embargo, es en ese momento cuando debemos encontrar las «razones de nuestra esperanza» (1Pe 3,15). Ciertamente no es algo fácil porque exige una apuesta personal, el querer cambiar las condiciones en las que vivimos y arriesgarnos a mirar al otro desde otra perspectiva, como un hermano, ante cuyo sufrimiento no puedo ser indolente. El mayor triunfo de un victimario, en este caso de quienes controlan el poder político, es lograr que los demás perdamos la esperanza y nos hagan creer que las cosas no pueden cambiar, que todo será igual para siempre.

El porvenir

Pero los cambios no surgen exnihilo. Siempre han de ser construidos. Son opciones que se hacen en la vida de cada uno, sabiendo que en nuestras manos está el porvernir del país, de nuestras familias. Y en nuestro caso esto significa, hoy más que nunca, recuperar la puesta en práctica de dos actitudes básicas que nos caracterizaron como sociedad moderna, pero que hemos olvidado: la «inclusión social» y la «acogida fraterna».

En Venezuela se llegó a vivir aquello que la comunidad de Mateo expresó metafóricamente al decir: «era forastero y me hospedaste» (Mt 25,35), pues no existía distinción de origen ni de raza, y mucho menos de ideología. La inclusión pasa por sanar el modo como nos hablamos y tratamos los unos a los otros, por recuperar ese talante perdido de gran familia venezolana (Lc 8,19-21) en la que todos podemos ser acogidos y disfrutar del mismo banquete (Lc 24,30-31).

Inspiración

La praxis de Jesús es inspiración para los que creemos que sí es posible un cambio que devuelva humanidad a nuestras vidas. Entre los criterios que inspiraron a Jesús podemos mencionar cuatro: la práctica de la no violencia (Mt 5,9), la lucha en favor de la justicia (Mt 5,10), la opción por el bien del pobre y de la víctima (Lc 6,20), el cuidado del enfermo y del débil (Lc 7,21).

Estos criterios, aún cuando puedan parecer utópicos, nos ayudan a reconocer cuán mal estamos como sociedad. Exponen el deterioro moral en el que vivimos, a veces cómplices por acción u omisión.

Cada uno de ellos nos confronta con un modo de actuar concreto cuyo objetivo es salvaguardar la vida y vivirla con abundancia.

Alejadas

Puestos en contexto sociopolítico, estos criterios revelan cuán alejadas están las políticas públicas actuales de los dramas que viven las mayorías del país, pues no hacen más que promover una subcultura de la escasez, alimentada de una triste mentalidad de sobrevivencia, en la cual la falta de paz nos seguirá arrastrando hacia la violencia, la falta de justicia hacia la impunidad, la falta de bienestar hacia una pobreza cada vez mayor, y la escasez de alimentos y medicinas a la desnutrición y la muerte de muchos, como ya está sucediendo.

¿Queremos, pues, que «esta tierra sea como el cielo» (Mt 6,10) y que exista «pan para todos» (Mt 6,11; Lc 9,17), sin escasez alguna?

Hay que optar, decidirse y cambiar. Es una decisión personal que sólo podemos hacer ante la propia conciencia, por amor a los demás, al país y a Dios.

Rafael Luciani
Doctor en Teología
rlteologiahoy@gmail.com
@rafluciani