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domingo, 19 de febrero de 2017

Mis “pequeñas” esperanzas por @armandojanssens


Por Armando Janssens


No deseo hablar más de las grandes esperanzas de las cuales se ocupa la mayoría de los medios y las diversas dirigencias. No quiero hablar más de las posibles elecciones regionales que, según mi opinión, no se darán pronto por motivos políticos, ni tampoco de cambio de gobierno o de presidente en los próximos tiempos. La desunión y la debilidad de los partidos de oposición alejan igualmente la posibilidad de avanzar en reales alternativas de un gobierno eficaz.

No creo en el logro de un verdadero diálogo entre las cúpulas políticas, por necesario que sea. El juego está trancado desde ambos lados y sin reales perspectivas para el corto plazo. Y nuestra Iglesia está metida en un pleito que el papa Francisco, a pesar de su buena voluntad, no puede fácilmente desenredar. Lógicamente, no excluye “milagros” o eventos excepcionales que puedan cambiar inesperadamente  el juego, pero no vive ni los espera y, hasta quizás, ni los desea.

Tampoco creo que pase lo que pase, el desabastecimiento va a solucionarse este año ni el problema de medicinas, y que la atención vaya a mejorar. Entre paréntesis, no me identifico con la cantidad de médicos que emigra –no sin razón– y dejan a nuestros enfermos sin atención. Además, no creo que el dólar libre vaya a bajar mucho ni que los “bachaqueros”, grandes y pequeños, bajen sus márgenes de ganancias. Y no creo que la violencia vaya a bajar, sino todo lo contrario.

Evidentemente, tengo mis “pequeñas” esperanzas por lo que quiero trabajar con posibilidad de algunos pocos logros. Claro, no todas ellas se van a realizar, pero tampoco es imposible que algunas se den con resultados positivas. Así que vale la pena.


Espero que la sociedad civil –la gente y sus acciones comunes– siga activándose para crear un ambiente de mayor confianza y solidaridad que alivie las angustias que produce el estrés general que domina  la gente.

Espero que las iniciativas oficiales, nacionales y municipales, y especialmente, de grupos sociales logren crear una red de apoyo para asegurar lo necesario de la nutrición para los niños más pequeños y para los sectores populares en general. En este contexto, apoyo por limitado que es todavía su impacto, la consolidación del programa de las bolsas CLAP o algo similar, insistiendo en no partidizarlo lo que es un permanente peligro, y más bien dejarse controlar por “observatorios” que ya hoy en día están funcionando. Pero al mismo tiempo, conozco y valoro varias iniciativas importantes de grupos ligados a Iglesias en las que un gran número de voluntarios ya logran apoyar generosamente la entrega de alimentos complementarios a miles de personas.

Quiero animar a los diversos gremios que, desde hace tiempo, intentan dialogar con las autoridades correspondientes, con resultados limitados pero que, sin duda, abren diálogos que progresivamente muestran sus resultados.

Espero que las numerosas iniciativas de emprendedores sigan aumentando y fortaleciéndose en todas partes del país. Reflejan la permanente creatividad y el deseo de nuestra gente por salir adelante. En ellos estará el futuro de una economía social basada en la gente y no en subsidios perdidos y en promesas de apoyo nunca cumplidas. La Emprered, con sus más de mil afiliados, es un ejemplo junto con varios otros que reflejan esa tendencia. En muchas zonas del país se reúnen sus integrantes para intercambiar experiencias y crear iniciativas basadas en eficiencia y compartir los aprendizajes.

Pero refuerza mi esperanza el fomento de las “burbujas de libertad” como fundamento de toda nuestra acción social, la enorme variedad de movimientos, grupos y organizaciones en las que la gente puede expresarse y sentirse respetada sin rechazo ni prejuicios, en las que su opinión forma parte del entender la vida, los hechos de cada día en su capacidad de enfrentar las dificultades. La resiliencia creativa es la expresión de esta dinámica que creará nuevas energías de vitalidad. Decenas de grupos se reúnen con integrantes de tendencias y responsabilidades variadas. Hasta las autoridades locales comienzan a asistir. Y juntos analizan los problemas más apremiantes, como la escasez y el alto costo de la vida, para llegar a soluciones limitadas, pero realizables.

Son esperanzas limitadas, pero nos dan energía para trabajar con convicción.

19-02-17