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domingo, 11 de junio de 2017

Farsa constituyente pero la Vinotinto triunfa @perroalzao


Por Arnaldo Esté


Como necesitada copa de triunfo, los chamos, bien resueltos y dirigidos, nos traen esta necesitada bandera cohesionadora. No sé si quedarán campeones, pero ya lo son. Algo que contrasta, muy severamente, con la presentación de la presidencia de la república hoy en el teatro Teresa Carreño: un doloroso espectáculo de mentira mezclada con ineficiencia y que ilustra, con insuperable claridad, las deficiencias del equipo de gobierno.

La materia principal de la ética son los valores. Los grandes referentes que tienen una persona o un grupo social para tomar decisiones, hacer proyectos y darle sentido a sus competencias. Es en torno a ellos cuando se logra la cohesión, la fuerza fundamental de una nación para lanzarse a su propia construcción.

Nuestro crecimiento ético, el afianzamiento de valores, ha estado largamente entorpecido por la búsqueda de un caudillo o de una fuente externa de recursos que ahorren el trabajo de decidir y producir. En estos años se han reunido en Venezuela las dos pretensiones: la del caudillo y la de los recursos. El comandante eterno y el petróleo, en torno a los cuales ha abundado una variada cofradía que ha buscado dos propósitos. Un vestido ideológico y no muy ingeniosas maneras de reparto del poder, corrupción y enriquecimiento.
El ropaje ideológico se remendó, rescatando, de aquí y de allá, retazos del marxismo desgastado en guerras, golpes de Estado, ejercicios frustrados de gobierno y la aspiración humana de justicia.

Ese curso se agotó y el nunca cuajado proyecto fracasó, un fracaso que se muestra en ruina, hambre, quiebre económico, aislamiento interno e internacional. Sin encontrar qué hacer con ese fracaso se esgrime una farsa legaloide: otra constituyente de dominante tono dictatorial, que bien muestran especialistas, fiscal general y gente de mismo CNE.


Los remiendos ideológicos se agotaron y aparecieron descarnadamente atropellos y violencias. Desconocimiento de la Constitución vigente en manejos dirigidos y expresados por operadores torpes y con poco estilo, que más que embaucadores han tomado la pinta de provocadores. Un manejo denigrante de empleados obligados a marchas y asistir a discursos y eventos infinitos, fastidiosos, repetidos. Un manejo manirroto y ventajista de los menguados bienes y recursos, un lenguaje plano y repetitivo. Cosas que terminan por agotar y avergonzar a sus dirigentes, generales y oficiales más exigentes de decoro o apariencia y que no pueden evitar el acoso de la incertidumbre sobre su propio futuro.

Se inició una revuelta inevitable. Pacífica pero con una auspiciosa creatividad y una voluntad que no ha hecho sino crecer. Hay un activo cultivo de valores, en solidaridades imprevistas, en persistencias costosas, en participación de entrega, en ejercicio callejero de la propia dignidad.

Esa gesta es agredida con una violencia que denuncia desespero. Un esmerado uso de armas y despliegues más propios de una guerra internacional que de la relación con los compatriotas que usan sus derechos a expresarse en el lenguaje de la protesta.

Vendrán cambios que deberían seguir la ruta del entendimiento, la negociación y una forma de gobierno adecuada para esa construcción.


10-06-17